Principio de refutación

La primera parte es, a todas luces, una especie de ejercicio apologético en el que el autor trata de desligar el rechazo al matrimonio gay de la homofobia. Eso técnicamente es correcto, no hace falta tener una aversión a los homosexuales para decidir que no hay que legalizar las uniones entre ellos. Como bien dice Ciotti,

Podemos amar y hasta incluso respetar el estilo de vida de un individuo que fuma Cannabis, pero no estar de acuerdo con la legalización del consumo de marihuana no significa tener odio a estas personas

Lo cual es completamente válido. Uno puede aceptar a una persona que fuma porro y no tener problema de estar rodeado de personas que lo hacen pero aún así mantener una posición intelectual de rechazo a la legalización de la marihuana basado en sus supuestas consecuencias negativas. Pero esto sólo ocurre en el ámbito de la lógica, en el ámbito psicológico las cosas se vuelven más borrosas. Sólo hace falta ver la vehemencia con la que algunos activistas anti-matrimonio rechazan el “estilo de vida homosexual” y el frecuente uso de pasajes de la Biblia en los que se los condena a muerte o, peor, al tormento eterno. Pero no quiero detenerme demasiado en ese punto poco relevante.

Falsa desigualdad de derechos

La siguiente sección trata de establecer que el amor no es criterio suficiente para permitir que dos personas se casen. Sigue el artículo:

Por ejemplo, es bastante común encontrar primos enamorados, un adolescente menor de edad enamorado de una mujer mayor, grupos de más de dos personas (polígamos), un hombre que ama a una mujer que ya está casada, etc.

En ningún lugar del texto Ciotti profundiza sobre por qué no se permite que se casen primos, menores con mayores o la poligamia. La realidad es que se trata únicamente de factores culturales. Tanto la poligamia como el casamiento entre primos, en mi opinión, debería ser legal. El único problema con los primos y otros familiares cercanos es la posibilidad de que la endogamia produzca niños enfermizos y con defectos genéticos, pero la realidad es que entre primos hermanos ésta probabilidad aumenta sólo en un 2%, según un artículo del NYT. La poligamia, por otro lado, es un problema puramente legal y administrativo que debería ser resuelto. ¿Cómo se organizan los bienes gananciales entre matrimonios de más de 2 personas? ¿Se considera que una persona está casada con otras 2 o que los 3 están casados entre ellos?

En cuanto al matrimonio entre menores y mayores, nunca deja de asombrarme la capacidad de ironía que tienen estos grupos. Me hace acordar al cura que no veía razón más allá de la Biblia para no abusar de niños. No permitimos que lo menores se casen porque la ley considera que no están aptos para tomar esa decisión.

A su vez, si el matrimonio fuese una institución legal que debe adaptarse a la orientación sexual de cada individuo, deberían tenerse en cuenta todas las orientaciones sexuales existentes, sin importar cuán buenas o malas son éstas. Por ejemplo, asumiendo como correcto este argumento, la prohibición de que un bisexual pueda casarse con una persona de igual sexo y con otra de distinto sexo al mismo tiempo, es discriminatorio, ya que no se está respetando la orientación del bisexual y no tiene derecho a desarrollar su sexualidad en el marco de una figura legal que le permita su plena expresión.

Esto es simplemente ridículo. La prohibición de un bisexual a casarse con una mujer y un hombre no tiene nada que ver con su orientación sexual, sino que es un caso de poligamia.

Y me gustaría agregar un punto más; una especie de contraataque. Y es que, en realidad, el principal factor a considerar al legalizar los matrimonios no es el amor sino la voluntad de las partes a entrar en un contrato de convivencia doméstica. Estamos rodeados de matrimonios sin amor y por conveniencia. ¿Acaso alguien cree que Adelfa y Reinaldo se amaban cuando se casaron?. La pregunta no es “por qué permitimos que las personas se casen” sino “qué motivos hay para negarle a una pareja la posibilidad de casarse si esta es su voluntad”.

Es falso que estén privados de derechos

Esta parte creo que es una de las más graciosas, porque elabora en uno de los argumentos más ridículos que tienen los activistas anti-matrimonio: el famoso “claro que los homosexuales pueden casarse… ¡con una mujer!”.

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