Wednesday, 30 March 2011

El cometa Elenin no va a destruir la Tierra.

Hace mucho que no le doy con un palo a Rafapal y a Starviewer. Es que últimamente la carpeta de “Pseudociencias” en mi lector de feeds es la última que leo y la mayoría de las veces marco todo como leído sin más. Pero recién, por alguna razón, se me dio por ver en qué andaban los chicos del team. Y están de júbilo porque, aparentemente, el cometa Elenin va a chocar contra la Tierra y traer la destrucción de la civilización como la conocemos… o algo por el estilo. Tengo que admitir que ya no estoy al día con las conspiranoias del momento.

Con aire victorioso dice:

La NASA, no ha tenido más remedio que revisar sus cálculos y reconocer la evidencia:
De la trayectoria original de 0.24 AU a la trayectoria real 0.0004AU.

Y luego postean una imagen pequeña y casi ilegible del sitio de la NASA que supuestamente lo corrobora.

Una AU es una Unidad Astronómica y corresponde a la distancia media de la Tierra al Sol. Lo que nos está diciendo es que la NASA afirma que el cometa Elenin va a pasar a 0,0004 AU que serían unos 60.000 km. Ahí nomás.

Pero como ya ha pasado en otra ocasión (que conozco), el mismo link que provee Starviewer desmiente sus propias palabras. Se trata de una página del JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro) que se encarga de seguir las órbitas de asteroides y demás cuerpos cercanos a la Tierra. Es difícil entender qué parte de los datos sobre Elenin interpretaron mal (y estoy siendo generoso al no suponer  que simplemente están mintiendo a sabiendas). El único número que se acerca al 0,0004 es la incertidumbre del Momento del Perihelio (momento en el que el cometa está más cercano al Sol) que es el que citan en un comentario en la misma entrada. Claro que, el número es 0,004 (un orden de magnitud de diferencia) y no tiene relación alguna con el Perigeo.

MbnNI

Si vemos más abajo, hay una tabla más pequeña que muestra los datos del Perigeo (el momento de mayor cercanía con la Tierra). La tabla claramente indica que en su mayor aproximación, Elenin va a estar a… 0,23 AU (unos 34 millones de km). Es decir, la NASA no cambio absolutamente nada y ningún cometa va a destruirnos.

Si leemos los comentarios en la entrada, casi la totalidad los felicita. Siguen ciegamente a sus líderes sin criticar lo que piensan. Espero que algún día los lectores de ese sitio abran los ojos ante los engaños que les tratan de hacer tragar… ¡despierten!

Monday, 28 March 2011

2 de cada 5 estadounidenses cree que los desastres naturales son pruebas de Fe.

Es normal que siempre que ocurre algún desastre natural de cierta importancia aparezcan ciertos gérmenes patógenos tratando de capitalizar con la miseria ajena. Pablo Flores, de Alerta Religión estuvo haciendo un inventario que aparentemente es tan grande que necesitó no uno, no dos, sino tres artículos. Y aunque nunca voy a rechazar el buen ejercicio del ridículo público y la denuncia, está claro que esos son personas aisladas; anécdotas. ¿Qué es lo que cree la población en general?

El Public Religion Research Institute, motivado por el reciente terremoto en Japón, realizó una encuesta. En su comunicado de prensa, dicen que “pocos estadounidenses ven [los desastres naturales] como una señal de Dios” pero qué significa “pocos” es otro tema. Además del comunicado, proveen un link a los resultados [pdf] y, personalmente, yo no lo calificaría como “pocos”.

resultados  Azul = Mayormente de acuerdo + Completamente de acuerdo. Rojo = el resto. Fuente: PRRI/RNS Religion News Survey

Es verdad que para todas las preguntas menos del 50% está de acuerdo, pero... 1 en 3 personas que cree que Dios castigó a los japoneses por sus pecados ¿es “poco”? En mi opinión, no. Es una proporción alarmante.

Es interesante que si bien un 44% atribuye un supuesto aumento en desastres naturales al fin de los tiempos, casi un 60% cree que el responsable es el cambio climático (aunque esta relación se revierte en ciertos segmentos de la población). Esto es correcto en cierta medida pero incorrecto en otra. Es cierto que el cambio climático proyecta eventos climáticos más extremos y que, de hecho, hay evidencia de que esto es así. Pero los terremotos no han aumentado en intensidad o cantidad ni tienen relación alguna con el cambio climático.

Monday, 21 March 2011

¿Qué hay en un nombre? “Cambio climático” vs. “Calentamiento global”.

delamere4Advertencia: La cantidad de comillas utilizadas en este artículo puede afectar la sensibilidad de algunos lectores. Se recomienda discreción

La etiqueta en la que están archivadas mis entradas sobre el cambio climático es, valga la redundancia, “cambio climático”. Pero podría haber utilizado otro término que si bien técnicamente no significa lo mismo, es utilizado en la cultura popular casi como sinónimo: “Calentamiento global”. En realidad, el primer concepto de cambio climático es más abarcativo que el segundo; mientras el calentamiento global sólo significa un aumento en la temperatura superficial media global, cambio climático hace referencia a todos los cambios que está sufriendo y va a sufrir el planeta como consecuencia. Algunos acusan a los climatólogos de cambiar el nombre al fenómeno señalando como causa probable… bueno, todavía no estoy muy seguro. Pero quizás este paper de Jonathon Schuldt, Sara Konrath y Norbert Schwarz de la Universidad de Michigan pueda aclarar un poco las cosas.

Antes que nada voy a dedicar una imagen para responder al “cambiaron el nombre” y luego sigo con el paper.

ccvsgwCantidad de resultados en Google Scholar. Rojo: Calentamiento Global – Negro: Cambio climático (vía SkS)

Schuldt et al realizaron dos observaciones. Primero hicieron una búsqueda de los sitios web de organizaciones políticas en EE.UU. y contaron la cantidad de páginas que contenían los términos “cambio climático” o “calentamiento global”. Antes de eso utilizaron un panel de expertos para clasificar las organizaciones en una escala de 1 a 5 según si eran demócratas o republicanos (1 = liberal/demócrata ; 5 = conservador/republicano). Los sitios web de organizaciones más conservadoras tendían a tener más páginas con el término “calentamiento global” mientras que lo contrario se daba para los sitios liberales. Eso explica, entre otras cosas, que yo haya elegido (arbitrariamente, debo reconocerlo) la etiqueta “cambio climático” para referirme a este proceso. Pero esto no es tan relevante; más interesante es lo que hicieron a continuación.

A través un sistema online de encuestas realizaron una serie de preguntas a más de 2000 participantes que se les asignaba aleatoriamente a responder una pregunta clave que preguntaba sobre su creencia en el “cambio climático” o el “calentamiento global”. También había preguntas sobre sus tendencias políticas, nivel de educación y preocupación por el medio ambiente. Los resultados, en esta imagen (click para agrandar)

ccwg

La primer cosa curiosa es que existe una diferencia de casi 7% en la creencia en el “calentamiento global” (“CW” – 67,7%) y “cambio climático” (“CC” – 74%). Pero si separamos a los participantes según su afiliación política declarada, vemos que la totalidad de ese cambio es responsabilidad de los republicanos, con sólo un 44% a favor del “calentamiento global” pero un 50,2% a favor del “cambio climático”. ¡Una enorme diferencia de más de 16%! La conclusión que sorprende a todos: la mayoría de los republicanos creen en la realidad del “cambio climático”, pero dudaron que exista el “calentamiento global”. Las pequeñas diferencias en los demás grupos no son estadísticamente significativas.

Conclusión.

Los autoproclamados ‘escépticos’ podrán argumentar que esto refleja un mayor entendimiento entre los republicanos de la diferencia entre los conceptos. Pero esto además de ser una hipótesis ad hoc tirada de los pelos (¿por qué sólo los republicanos conocerían esta diferencia?), es falsa a la luz de los datos: el nivel de educación no predecía esta diferencia. Al contrario, los autores especulan que el concepto de “cambio climático” al ser un concepto más abarcativo es más intuitivamente compatible con las olas de frío extremo que el “calentamiento global”. Esto, para alguien que entiende un mínimo de las sutilezas del clima es ridículo, ya que éste último no predice el fin del frío, es sólo una tendencia a largo plazo de aumento de la temperatura.


ResearchBlogging.orgSchuldt, J., Konrath, S., & Schwarz, N. (2011). "Global warming" or "climate change"?: Whether the planet is warming depends on question wording Public Opinion Quarterly, 75 (1), 115-124 DOI: 10.1093/poq/nfq073

Monday, 14 March 2011

El verdadero relativismo cultural.

No es un secreto que no soy muy amigo del postmodernismo pero hay una variante que me molesta particularmente y es la concepción popular del relativismo cultural. Cuántas veces me habrán acusado de tirano inquisidor que quiere imponer sus valores sólo por criticar una práctica pseudocientífica o supersticiosa. A cada cuestionamiento de una práctica cultural es seguro que alguien va a poner el grito en el cielo en contra del “paradigma positivista iluminista”. Sospecho que este tipo de afirmaciones molesta aún a los pensadores del posmodernismo académico. Yo sostengo que ese tipo de relativismo cultural es, en realidad, absolutismo cultural y que el verdadero relativismo cultural lo podemos encontrar en el pensamiento crítico.

Al contrario del relativismo, ser escéptico significa darse cuenta que hay que trascender los prejuicios culturales y ver la evidencia de la manera más objetiva posible. Al hacer eso vemos. por ejemplo, que quienes se tratan con quimioterapia tienen una supervivencia muchísimo más larga que quienes se tratan con el cerdo-banana inflable y que quienes utilizan este último mueren con una tasa muy similar a la de quienes no hacen nada. Estos hechos no tienen nada que ver con la cultura, la historia o la sociedad. Si usás un tratamiento, tenés más probabilidades de sobrevivir que si usás el otro. Punto. Hay cuestiones culturales que sí son igualmente válidas para toda cultura; si el color que usan los nenes es el celeste o el rosa es totalmente arbitrario y no se puede decir que una costumbre sea mejor que la otra. Pero en cuestiones empíricas el único árbitro es la realidad misma y con ella no hay valores ni costumbres que valgan; la única forma de ganarle una discusión a la naturaleza es teniendo razón.

El escepticismo nos obliga a ignorar "lo que culturalmente está establecido"; la apelación a la tradición es una falacia. Pero el relativista cultural, en cambio, no sólo no lo ignora sino que lo eleva al nivel de verdad inamovible. La tradición es considerada como la última medida de lo que es válido (aunque sea una validez limitada a la cultura específica) y cualquier cuestionamiento es una herejía. Eso no es trascender los prejuicios culturales, es aferrarse a ellos de manera absoluta. Desde esta visión cualquier intercambio cultural es visto como una violación a la autonomía de los pueblos. Y esto no sólo nos impide condenar prácticas barbáricas como la mutilación genital femenina, sino que no nos permitiría asimilar como propios los valores culturales, tradiciones o conocimientos ajenos. Después de todo, si vamos a ser consistentes, la Primera Directiva debe aplicar para ambas culturas.

Pero la realidad nos muestra que nadie nunca observó esta directiva trekkie. Las sociedades no viven aisladas sino que se comunican, hacen intercambios y se desarrollan. Y éstos son una de las formas que tienen de cambiar y enriquecerse. No olvidemos que de no ser por el intercambio entre moros y europeos, ahora no tendríamos los números arábigos. ¿Quién sostendría una posición relativista en defensa de los números romanos? Sugerir que hay que respetar y mantener los rasgos de una cultura aún en detrimento de la salud y bienestar de las personas es no sólo paternalista e inmoral, sino inconsistente con el accionar que tenemos como agentes culturales. Si una sociedad utiliza un cerdo-banana inflable para combatir el cáncer, es nuestra responsabilidad moral educar (y, viceversa, es su responsabilidad moral educarse) así como también es nuestra responsabilidad entender qué otras cosas hacen e integrarlas en nuestra cultura si es que son buenas ideas (y viceversa).

Este sí que es un relativismo útil, provechoso y que significa respetar a las culturas ajenas en el mismo nivel con el que se respeta la propia. No más ni menos. Nos abre los ojos tanto a las maravillas de otras culturas como a sus atrocidades y nos permite tanto adoptar las primeras como condenar las segundas. Al mismo tiempo, abre nuestra cultura a que cualquier otro adopte y critique. Si yo viviera en un país donde usan el cerdo-banana inflable para tratar el cáncer me resultaría escandaloso si alguien conoce mejores formas de tratarlo y no las compartiera, ¿qué se cree, que es el dueño de la verdad?

Friday, 11 March 2011

Pienso, luego Dudo – Capítulo 06

pdl logo 300x300

No lo publicité mucho acá en el blog, pero con el Círculo Escéptico Argentino producimos un podcast que en teoría es quincenal y en la práctica es cada vez que podemos juntarnos. En este octavo capítulo (hay que contar el capítulo 0 y el capítulo pi) hablamos de el Día de Darwin, la prohibición de varios productos “milagrosos” en México y un modelo matemático para describir la popularidad de tratamientos ineficaces.

Todos los links a las cosas que hablamos están en esta entrada. Este es el link de descarga y pueden subscribirse por RSS desde acá.

El CEA también tiene un foro, una página en facebook y un usuario en Twitter: @circuloesceptic.

Monday, 7 March 2011

De la experiencia a la creencia.

Dunas

“Qué frío que hace; y después hablan del calentamiento global”. Este psedoargumento es más popular de lo que muchos “escépticos” del cambio climático pretenden admitir. Claro que generalmente es utilizado en sentido humorístico y es difícil creer que alguien realmente considere la temperatura que experimenta en su momento como un indicador de la existencia del calentamiento global… o quizás sí.

Jane Risen de la Universidad de Chicago y Clayton Critcher de la Universidad de California, Berkeley argumentarían lo contrario. Ellos publicaron un paper [pdf] en el cual presentan 7 experimentos que sugieren muestran que cuando una persona está en un ambiente caliente, tiende a creer con más certeza que el calentamiento global es una realidad. El paper es muy interesante y convincente; proponen varias explicaciones alternativas para este fenómeno y realizan los experimentos necesarios para descartarlas. La cantidad de sujetos no es muy impresionante: ninguno tiene más de 100 participantes y hay uno con tan sólo 20; además, tengo ciertas dudas con respecto a su criterio de significación estadística (¿un p valor de 0.06 es significativo?). Sin embargo, los efectos son consistentes y repetibles, por lo que creo que tienen un buen caso bajo sus mangas.

El primer experimento sirve para establecer la existencia del efecto. Se le hace una encuesta variada a varios estudiantes mientras caminan por el campus al aire libre. Un análisis posterior muestra que en los días más cálidos los sujetos tendían a confiar más en la existencia del calentamiento global. Afecta por igual tanto a los de ideología de derecha como de izquierda. Se observa, como en tantos otros experimentos, que la ideología de derecha predice una menor creencia en el calentamiento global.

risen critcher

Ante este fenómeno, los autores presentan tres mecanismos básicos: que los participantes usan la temperatura como información para tomar la decisión (confundiendo tiempo con clima), que la sensación de calor provoca que se active el concepto de calor y lo relacionen con la idea de calentamiento (heurística de disponibilidad), y la noción que uno tiende a preferir las ideas que son más coherentes con la sensación que uno experimenta en el momento. Estos mecanismos que parecen tan similares predicen consecuencias distintas y se puede diseñar experimentos para distinguir una de otra. Ni lentos ni perezosos, Risen y Critcher no sólo los diseñaron sino que los llevaron a cabo.

La primera hipótesis predeciría que si la fuente de calor no sirviera para obtener información de la temperatura, el efecto debería desaparecer o reducirse. Para esto, en los experimentos 2 y 3 se realizó una encuesta similar pero esta vez en una habitación cerrada. Los sujetos en la habitación caliente demostraron mayor confianza en el calentamiento global aún si se hacía notar que la habitación estaba calentada artificialmente (obviamente había un grupo control). Esto no es consistente con esta idea de la temperatura como información.

siluetaPara evaluar la segunda, se utilizaron formas estandarizadas de “priming”. Se hacen cosas como dar listas de palabras para ordenar en oraciones, mostrar imágenes que sugieran el concepto, etc…. Si se quiere hacer pensar en la muerte, por ejemplo, se pueden mostrar un cartel de “Calle sin salida” (En inglés tiene más sentido) o siluetas forenses. En el experimento 4 se activó el concepto de “calor” y en el experimento 5, se comparó la creencia en el peligro de las sequías entre participantes en un grupo control, otros a quienes se les hizo sentir sed (¡pretzels gratis!) y quienes se les activó el concepto de “sed”. En contradicción con la hipótesis de disponibilidad conceptual, no hubo diferencia entre el grupo control y el grupo con priming, pero sí hubo diferencia entre el control y quienes comieron los pretzels y tenían sed. Esto no es consistente con la idea de la disponibilidad conceptual.

Los últimos dos experimentos (6a y 6b) investigaron otro posible mecanismo que, en mi opinión, parecería ser una hipótesis alternativa más pero que los autores afirman brinda apoyo a su hipótesis de la experiencia coherente. Se investigó si la claridad con la que los participantes podían imaginar una situación y su correlación con la creencia en el calentamiento global. Para esto se les mostraron varias imágenes que representaban situaciones calurosas, situaciones frías o situaciones neutras con distinto nivel de transparencia. Luego se les pidió que cambiaran la opacidad de cada imagen para que sea igual a como la habían visto anteriormente.  El grupo que realizó esta tarea en una habitación caliente, sintió que las imágenes “calurosas” tenían menos transparencia que las demás, sugiriendo que tienen una imagen más precisa de esa situación. En el experimento 6b un grupo fue expuesto a las mismas fotos. Quienes vieron las fotos calurosas con menor transparencia, luego declararon mayor creencia en el calentamiento global. Los autores concluyen, entonces, que la razón por la cual los sujetos con calor creen más en el calentamiento global es porque pueden imaginar con más claridad una situación congruente con éste.

Ufff.. se hizo largo. Bueno, tampoco es fácil resumir 7 experimentos en 300 palabras o menos. Acá va una imagen de un gatito para compensar por tanta cháchara, cortesía de {placekitten}.

Conclusión.

Si alguien necesitaba más razones para creer que el ser humano no es tan racional como Aristóteles lo pensaba, acá lo tiene. No sólo tenemos sesgo de confirmación, heurística de disponibilidad, desatención de la línea base, y una plétora de otros más, sino que la experiencia subjetiva que tenemos en un momento afecta nuestras creencias de un modo directo. Es más que posible que sea un fenómeno no sólo circunscripto al tema del cambio climático. El experimento 5 demostró que también se observa cuando se trata de el peligro de las sequías, ¿hasta donde llegará?.

Me pregunto, por ejemplo, si personas enfermas tendrán un juicio más crítico hacia la medicina; si, por ejemplo, una persona con nauseas mostrará menor confianza en medicamentos contra ese síntoma que personas sanas. También es interesante la pregunta de la especificidad. ¿Afectará un síntoma específico la confianza en todas las medicinas o sólo en el conjunto de medicamentos que se utilizan para tratarlo? Podría predecirse que el efecto disminuiría cuanto más alejado esté la experiencia subjetiva del concepto a evaluar.

Conocer la amplitud de nuestros errores cognitivos es parte integral del cultivo de un pensamiento crítico maduro y es indispensable para evitar el que quizás sea el más peligroso: el sesgo de punto ciego.


ResearchBlogging.org Risen JL, & Critcher CR (2011). Visceral fit: While in a visceral state, associated states of the world seem more likely. Journal of personality and social psychology PMID: 21244180

Friday, 4 March 2011

Agua embotellada WTF.

botellasEn la oficina donde trabajo tenemos un dispenser de agua de esos de la gotita. Tiene para agua caliente, agua al natural y agua fría… también tiene, en su parte superior, un bidón de 20 litros. Cada vez que se termina tengo que ir al taller que está en la planta baja, buscar otro bidón y subirlo hasta la oficina. Para colmo, esos bidones son transportados en una camioneta. Mientras tanto, al lado de este aparatejo hay otro, muy ingenioso, que tiene una manija que al girarla hace salir agua de un tubo.

Esto es algo que me molesta desde hace mucho tiempo. Podría decirse que el agua embotellada es uno de los mayores fraudes de la actualidad. En la columna de Scientific American Earth Talk, hoy ponen datos que demuestran cuán ridículo es su consumo. Son datos de EE.UU., pero se puede inferir que en Argentina debe ser similar aunque en menor escala.

Los Estadounidenses consumen anualmente más de 30 mil millones de dm3 de agua de unas 50 mi millones de botellas mayoritariamente hechas de plástico. Se gastan 1,5 millones de barriles de petróleo (237 millones de dm3) para producir las 2,7 millones de toneladas de plástico necesario para fabricarlas. Suficiente para abastecer 100.000 autos (estadounidenses) por un año. En cuanto al costo, llega a ser 1900 veces más cara que el agua de la canilla, aunque el costo del agua en sí representa sólo el 10%; el resto es para cubrir el transporte, packaging, marketing, embotellado… y las ganancias, claro está.

En Buenos Aires, según Wikipedia, 1 m3 de agua de la canilla cuesta $0,66. Por su lado, el bidón de 12 litros que compra mi suegra está $16, es decir, $1333 el m3. ¿Cómo justificar comprar agua que sale 2000 veces más que el agua que sale de la canilla? ¿Por la mayor pureza? Este es un argumento poco convincente ya que el agua de la canilla es potable. El gusto a cloro se le va después de unos minutos (si, como yo, se tiene una botella de vidrio siempre en la heladera) e incluso se le puede quitar con carbón activado o, para los más sofisticados, un filtro hogareño.

Por otro lado, que el agua venga en una botella no significa tampoco que sea de mejor calidad. En EE.UU., sigue la nota en SciAm, el 18% de las compañías no publican la fuente de su agua y un tercio mantiene en secreto sus métodos de tratamiento y filtrado. Si el agua es mineral es posible que tenga un mayor concentración de sodio, algo poco recomendable para las personas con hipertensión o quién prefiera consumir menos sodio. Y no olvidemos el bochornoso (y poco sorprendente) episodio en Inglaterra, donde se descubrió que el agua Dasani no era más que agua de la canilla tratada con un filtrado de ósmosis reversa; el mismo que realiza cualquier purificador casero. Para colmo, esa misma empresa tuvo que retirar del mercado la totalidad de las botellas de ese país cuando se descubrió que tenía bromato, un agente cancerígeno producto de la oxidación del bromuro. Esto no significa que el agua embotellada sea más peligrosa que la de la canilla (también hay casos de contaminación de la red), pero sí demuestra que no es garantía alguna.

Conclusión.

El agua embotellada es, en mi opinión, una estafa. Uno está pagando 2000 veces más por un producto más incómodo, poco eficiente y muchísimo más dañino ambientalmente. No sólo por la utilización de plástico, sino también por la energía necesaria para su transporte.

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